
«Cuando mi padre vio que dibujaba a todas horas con cuatro años, ese año los reyes me trajeron un caballete y una caja de óleos (hechos por él que aún conservo) y un lienzo. Desde entonces no he dejado de pintar.
Admiro a PICASSO, VAN GOGH, DALI y KANDINSKY. Hacen fácil lo difícil. Por eso la mayoría de mis cuadros son copias suyas.
Cada cuadro que hago es como una parte de mi y cada vez me cuesta más desprenderme de ellos.»
Marta








